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  • juansoledo1

El hombre sin brazo



Con esa extraña sensación de que a uno le falta algo pero no se sabe qué, así, con esa incomodidad de espíritu, despertó. Cuando quiso enjugarse el sudor del rostro lo supo: su brazo derecho no estaba. Un espantoso grito despertó a todos los habitantes de la casa. Su madre, su abuelo, sus dos hermanos y sus tres sobrinos, acompañados por el perro y el gato, corrieron hasta su habitación. Forzaron la puerta y lo encontraron revolviéndose en el suelo anegado por el llanto y el terror. Cuando sus familiares vieron que le faltaba un brazo su madre se desmayó, a su abuelo lo ahogó la tos, su hermano mayor fue azotado por la taquicardia y el otro, el menor, se paralizó; uno de sus sobrinos vomitó, el otro defecó y el tercero, tan sólo se orinó; el perro ladró y el gato maulló.


En el hospital no supieron qué hacer con él. Nunca, en la historia de la medicina, a alguien se le había desaparecido un brazo entero. Los médicos decidieron remitirlo al manicomio. Los psiquiatras quedaron tan perplejos con el nuevo paciente que muchos de ellos creyeron que todo aquello se trataba de una alucinación, que ellos mismos estaban enloqueciendo. El consejo psiquiátrico decidió, el mismo día en que llegó el hombre sin brazo, devolver la remisión, devolver el paciente al hospital. Entre tanto, la familia de éste se había recuperado. Su madre, su abuelo y sus hermanos estaban en perfectas condiciones. De sus tres sobrinos uno continuaba con una intensa diarrea. El perro y el gato, estaban bien.


Llevaba dos días sin su brazo y ya se estaba haciendo a la idea de ser un manco. Lo único que no podía librar de su mente era pensar acerca de la suerte de su brazo derecho. Se hacía, una y otra vez, preguntas como: ¿qué habrá sido de aquél fornido brazo?; ¿lo habría dejado en alguna parte, guardado, y no lo recordaba?; ¿alguien había entrado en su casa, mientras dormían, y se había robado su brazo derecho?; ¿algún manco resentido le habría echado una maldición encima a él?; ¿era aquello un castigo divino por haberse masturbado tanto en su juventud?; ¿los alienígenas se habían llevado su brazo para estudiarlo y hacer experimentos con él en algún lejano planeta?; ¿acaso un abrazo con un sólo brazo se podría considerar un abrazo?; y, la más importante, ¿aprendería a masturbarse con la mano izquierda?

A los siete días le dieron de alta en el hospital y volvió, con perfecta salud pero sin un brazo, a su casa.


Juan Carlos Román Trujillo





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