top of page
  • juansoledo1

Una muerte extraña

Actualizado: 20 sept 2021



Una muerte extraña




Dicen que cuando nació no lloró. Por más que lo zarandearon, lo abofetearon y lo pellizcaron, no lloró. Dicen que incluso su madre, muchacha inexperta, le propinó tal tunda que le dislocó el hombro izquierdo, y el bebé no lloró. Después de muchos ruegos de sus familiares la madre lo amantó por vez primera, tres días después de nacido. ¿Cómo pudo el bebé mantenerse con vida en dicho lapso de tiempo? Nadie lo sabe. Con miedo y con asco, la joven madre primeriza vio cómo el bebé, succionándole el pecho derecho, abrió sus ojos grises, la miró fijamente y le sonrió. Espantada, la madre lo arrojó sobre la cama y el bebé siguió sin llorar.

Dicen que nunca lloró. No lloró cuando le amputaron su brazo izquierdo. Tampoco lloró cuando Bosco, el perro, le arrancó la oreja de un mordisco. No lloró cuando su hermanita, Camila, le clavó un lápiz en el ojo derecho, dejándolo tuerto. Tampoco lloró cuando, jugando en el patio, le cayó una teja de barro encima, abriéndole en dos su pequeña cabeza. No lloró cuando el cura se negó a bautizarlo. Tampoco lloró cuando sus compañeros de escuela se burlaban de él, ni cuando el profesor lo azotaba, ni cuando el niño Dios lo olvidaba, ni cuando el ratón Pérez dejaba sin recoger sus dientecillos podridos, ni cuando la niña más linda de todas no lo miró.

A mí me pareció un tipo simpático e inteligente, eso sí, en extremo callado. Sus casi 1, 90 de estatura, su complexión delgada, sus cejas pobladas y negrísimas, su ojo gris claro, su nariz respingona, su gran boca de labios delgados y su puntiaguda barbilla, lo hacían, sin lugar a dudas, un tipo apuesto. Con la manga izquierda de su camisa negra siempre doblada y sostenida con un alfiler de oro, con el parche negro cubriéndole la cuenca de su ojo derecho, con la cabeza siempre enfundada en su sempiterno sombrero barcino color negro, con sus largos cabellos negros cubriéndole las orejas (o la falta de una de ellas), con su negra correa de hebilla dorada sosteniéndole su impecable pantalón negro, con sus lustrosísimos mocasines negros y, por supuesto, con sus calcetines siempre de color negro, daba el aspecto de un hombre supremamente elegante. Este es el único recuerdo que tengo de él, de mi tío abuelo, del hermano mayor de mi abuela Camila.

Dicen que cuando terminó la escuela, a la edad de 8 años, se fue del pueblo y nadie lloró y por supuesto, él tampoco lloró. Dicen que viajó a lo largo y ancho de este país. Dicen que participó en La violencia, defendiendo los colores liberales. Dicen que fue el jefe de escolta de Jorge Eliecer Gaitán. Dicen que fue el cabecilla de una guerrilla del Magdalena. Dicen que buscó oro, extrajo petróleo, produjo café y también, que contrabandeó animales y madera del Amazonas. Dicen que se hizo raspachín de coca en el Cauca. Dicen que vivió en el Chocó y que allí lo adoraron como a un semidiós. Dicen que la iglesia católica lo excomulgó (¿cómo, si nunca fue bautizado? Nadie lo sabe). Dicen que pasó muchos, pero muchos años en la cárcel. Dicen que lo condenaron tres veces a muerte. Dicen que Laureano Gómez lo expatrió.

Dicen que cuando volvió a aparecer en el pueblo, después de 45 años, muchos le temían, ¿por qué?, nadie lo sabe. Dicen que cuando entró en la casa familiar fue recibido con gran regocijo. Primero, su anciano padre lloró; luego, su madre lloró y finalmente, su hermana también lloró. Pero, por supuesto, él no lloró. Dicen que al día siguiente toda la familia se reunió para verlo (yo tenía 10 años). Dicen que hicieron un espléndido almuerzo, seguido de una tarde de recuerdos y en la noche, una fiesta magnifica (de esto no recuerdo cosa alguna). Dicen que al día siguiente, a las 7 de la mañana, el tocadiscos seguía sonando. Dicen que se bebieron más de 50 botellas de aguardiente y más de 30 canastas de cerveza. Dicen que se mataron 2 cerdos y 45 pollos. Dicen que al medio día las parejas seguían bailando en el patio.

Dicen que en plena fiesta, más o menos a media noche, salió de la casa. Dicen que nadie lo vio. Dicen que llevaba consigo una pala. Dicen que caminó y caminó, pala al hombro derecho, hasta salir del pueblo. Dicen que era noche de luna llena. Dicen que salió de la carretera y se dirigió al río. Dicen que vagó largo rato a la orilla del rio. Dicen que encontró un lugar y cavó y cavó con su único brazo. Dicen que hizo un hoyo tan grande y hondo como una sepultura. Dicen que tiró la pala al fondo del hoyo. Dicen que él se metió en el hoyo y con su única mano empezó a escarbar la pared del hoyo que daba al río. Dicen que al cabo de un buen rato el agua del río empezó a entrar en el hoyo. Dicen que él se acostó, cuan largo era, en el fondo del hoyo. Dicen que empezaba a clarear el alba. Dicen que nadie lo encontró. Dicen que cuando murió, nadie lloró.


Juan Carlos Román Trujillo

2 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

El olor

Comments


bottom of page